Acuerdo de París enfrenta un camino espinoso para su implementación

By MARÍA GABRIELA MEDINA D.
El 12 de septiembre de 2015, por primera vez, 195 países aprobaron en Francia un acuerdo que los compromete a tomar medidas para combatir efectivamente el cambio climático. El tratado entró en vigencia el 4 de noviembre de 2016 y se ha calificado como un pacto histórico en la lucha en contra de una problemática que ha sido ignorada y hasta catalogada como ficción.

Sin embargo, la comunidad científica no tiene una perspectiva muy optimista del tratado. “El preámbulo (del Acuerdo de París) es un componente declarativo, carente de fuerza legal, una lista de intenciones donde se incluyen aspiraciones legítimas de pueblos y países sin que el acuerdo incluya medidas efectivas para atenderlas”, explicó Julio Centeno, profesor de la Universidad de los Andes y asesor de la Conferencia de Naciones Unidas para Medio Ambiente y Desarrollo, en un ensayo titulado Fraude en París.

Centeno considera irreal que los países bajen lo suficiente las emisiones de carbono para garantizar que la temperatura no suba más allá de los 2º C, porque el pacto no propone una estrategia para asegurar este objetivo: ya en la actualidad se registra un aumento de 1º C. Para el profesor de la ULA el acuerdo falló en su objetivo principal que es impulsar una transición hacia una economía libre de CO2.

Kal Raustiala, profesor de Derecho de la Universidad de California y especialista en medio ambiente y tratados sobre el cambio climático, considera que el Acuerdo de París fue un paso importante y realista. “Sí creo que es un hito y ciertamente puede ser un avance muy positivo, si es implementado apropiadamente”, destacó.

“El Acuerdo de París intenta responder a las condiciones nacionales haciendo que los países se comprometan y se aseguren de que estas sean revisadas, además que se haga presión entre Estados para que estos compromisos sean cumplidos”, señaló Raustiala.

El camino es espinoso para la implementación del Acuerdo de París. Está el contexto político y económico actual en el mundo, con un nuevo gobierno en Estados Unidos –el segundo emisor de CO2 en el mundo–, que niega la existencia del cambio climático. Raustiala opina que el triunfo de Donald Trump es un desastre para la lucha contra este problema.

A juicio de los ambientalistas, la aprobación de la expansión y el reemplazo de dos grandes oleoductos en Canadá –el octavo mayor productor de CO2– hará más difícil para este país cumplir los compromisos que estipula el acuerdo. Además de que también es difícil por las limitaciones del tratado. Ejemplo de ello es la falta de sanciones para los países que no cumplan con los compromisos. “A pesar de que el Acuerdo de París es vinculante no hay una sanción. Ese es uno de los temas cruciales”, afirmó el profesor de la ULA y director del Instituto de Ciencias Ambientales y Ecológicas, Eulogio Chacón.

No obstante, el hecho de castigar a los países –para Raustiala– iba a imposibilitar llegar a un pacto. “Si tiene consecuencias, los países dudarán antes de hacer compromisos”, explicó.

EL DATO

Venezuela, en la actualidad, es uno de los mayores emisores de CO2 por habitante de América Latina y también por unidad del producto territorial bruto en la región. El gobierno del presidente de Nicolás Maduro todavía no ha ratificado el Acuerdo de París, lo que pone en duda el compromiso de la nación en la lucha contra el cambio climático.