Barlovento busca repuestas a la masacre que enluta a 12 hogares

  • CARLOS D'HOY

04 de diciembre de 2016 09:49 AM

EL UNIVERSAL

Barlovento.- El pasado 10 de octubre el ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, anunció el relanzamiento de las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP) con la creación de un eje de seguridad en Barlovento. El objetivo era reentrenar a los efectivos militares en estrategias de seguridad ciudadana.

Seis días después se llevó a cabo una operación en el municipio Acevedo del estado Miranda, en la que fueron detenidos 35 personas y desaparecieron al menos otras 12.

Durante más de 40 días los familiares buscaron por cielo y tierra a sus familiares desaparecidos. La incógnita sobre su paradero se despejó el 25 de noviembre cuando fueron ubicadas dos fosas comunes en Barlovento, una en el sector La Maturetera del municipio Brión, donde hallaron dos cadáveres, y otra en Aragüita, donde encontraron 10 cuerpos más.

Las 12 víctimas  fueron identificadas como Eliécer Ramírez, Anthony Vargas, Antonio Aledejo, Denny Acevedo, Luis Alirio Sanz, Oscar Rodríguez, Yorman Mejías, Freddy Hernández, Víctor Manuel Martínez, Jairo Rivas, Carlos Marchena, Kendry González, Yulmar José Rengifo y Wilmer Serrano.

Vidas truncadas

Eliécer Ramírez, de 23 años de edad, era marino mercante. Su tío Crisanto Marín indica que “era un muchacho muy tranquilo, callado y muy amable con sus hermanos y con mis nietos. Era demasiado bueno, le decíamos El Negro”.

“Uno no espera que algo así le ocurra a la gente buena, a la gente decente. Yo me siento responsable por el dolor de esas familias, como miembro del consejo comunal intenté mediar por esos muchachos y no pude entregarles su familiar vivo, en varias oportunidades entré al comando hablé con el comandante Rojas, yo le decía que me metieran preso a mi, que ellos no tenían problema y ahora están todos muertos, yo siento un dolor terrible por esto que pasó”, indicó Crisanto Marín.

Manuel Mejías, padre de Yorman Mejías, recuerda que llevó a su hijo al campo a trabajar, para que estuviera más seguro, alejándolo de la violencia que había en Caracas. “Al muchacho le gustaba su campo, yo me lo llevé para que tuviese una vida sana y mire como me pagaron, me lo mató el Ejército”.

José Uzcátegui sostiene que  “la familia no es la de sangre, sino la que te cuida. Así hicimos con Oscar Rodríguez, él quería ser chef, le gustaba cocinar, y estaba trabajando para comenzar sus estudios, lo detuvieron y no supimos más nada de él. Uno se siente demasiado mal cuando piensa todo lo que tuvieron que vivir esos muchachos, lo que les hicieron, eso no tiene nombre, esa gente tiene que pagar por el crimen que cometieron”.
Alimirely Sanz recuerda a su hermano Luis, como un hombre dedicado a su familia.

“Él siempre estaba pendiente de mi mamá y de sus dos hijos, siempre estaba haciendo algo para garantizar su comida, si no era arreglando motos, hacía carreras de mototaxi o hacía tortas, como se hace en estos pueblos donde no hay trabajo, él se rebuscaba, siempre estaba pendiente de su familia. Es horrible lo que nos hicieron, hoy yo veo a un militar y tiemblo, no me siento segura, tengo miedo y mucho dolor”.

Luis Zuleta, señala que Denny Acevedo “era el más divertido de sus cuñados, también era el más hogareño. Era el menor y el más echador de broma, ahora sus dos hijos quedan huérfanos. A él los militares lo bajaron de un autobús el 16 de octubre, nosotros le llevábamos comida y agua, ahora sabemos que esa comida nunca le llegó, le quitaban la comida, esos pobres muchachos vivieron un infierno antes de ser asesinados vilmente. La OLP sembró el dolor en Barlovento”.

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