Brasil llora por las víctimas del Chapecoense

  • DPA

30 de noviembre de 2016 05:45 AM

EL UNIVERSAL

Río de Janeiro, Brasil.- Desde Sao Paulo hasta Brasilia y de Río de Janeiro a Chapecó, todo Brasil se unió hoy en un llanto colectivo y solidario por las víctimas de la tragedia aérea del club de fútbol Chapecoense.

A medida que el país amanecía, las personas se enteraban de lo que había sucedido unas horas antes, durante la madrugada: el avión en el que viajaba la delegación de Chapecoense para disputar la final de la Copa Sudamericana había caído en las afueras de Medellín, Colombia, causando la muerte de 71 personas, entre ellos la gran mayoría de jugadores del plantel, dirigentes, cuerpo técnico, invitados y también periodistas, reseñó DPA.

La desazón, entonces, se ciñó sobre el país. En todos los rincones de Brasil, en todos los ambientes -no sólo deportivos- y a través de los más diversos medios, principalmente en redes sociales, no quedó quien no quisiera mostrar su dolor y condolencias por la tragedia.

El epicentro del dolor, por supuesto, fue Chapecó, una ciudad pequeña de 200.000 habitantes, que se había ganado su lugar en el mapa deportivo de Brasil gracias a la gesta de Chapecoense, un club que en siete años pasó de estar en la Serie D nacional a ganarse un lugar en la final de un torneo continental.

Como dijo Ivan Tozzo, vicepresidente del club, “en Chapecó éramos una gran familia”. Por eso, una vez que se supo la noticia del siniestro, amigos, parientes y conocidos de los presuntos fallecidos se empezaron a acercar al Arena Condá, estadio del club.

Allí, a medida que las noticias tristes llegaban desde Colombia, el desconsuelo iba ganando la escena. Con el pasar de las horas, también una gran cantidad de fanáticos se acercaron al estadio: hubo muchas lágrimas, abrazos, súplicas y rezos colectivos que la televisión transmitía en vivo, conmoviendo así a todo un país.

En cada programa, a su vez, se brindaba homenaje a los colegas muertos en el accidente. Fallecieron 22 periodistas y camarógrafos, la mayoría de las cadenas de TV Globo, Fox Sports, RBS y de la radio Super Condá.

Las muestras de solidaridad se siguieron sucediendo con el correr del día. Primero, la gran mayoría de clubes brasileños cambió sus fotos de Twitter por imágenes con fondo negro y el escudo de Chapecoense. Y luego, presentaron una nota con propuestas para ayudar al club: préstamos de jugadores gratis para 2017 y eliminación de la posibilidad del descenso durante los próximos tres años.

Sao Paulo canceló la presentación de Rogério Ceni como entrenador, prevista para hoy. Muchos clubes suspendieron sus entrenamientos. Incluso, Palmeiras, campeón del torneo nacional, le hizo un pedido a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) para jugar el último partido del campeonato con la camiseta de Chapecoense.

Neymar, así como otros jugadores brasileños en el exterior y el ámbito local, envió sus condolencias por redes sociales. Pelé manifestó: “Esto es una tragedia”. Tite, entrenador de la “canarinha”, dijo: “Nosotros, que vivimos del fútbol, sentimos mucho dolor y una tristeza profunda por ver los sueños interrumpidos de compañeros de profesión (…) que Dios conforte a todos y que dé luz y fuerza para que puedan seguir adelante”.

Gustavo Kuerten, tenista exnúmero uno del mundo y nacido en Santa Catarina, estado en el que se localiza Chapecó, filmó un video en el que, emocionado, dice: “Quiero dejar mi sentimiento de afecto y de amistad, llegar de alguna forma, con un abrazo apretado, para aliviar al menos un poquito, por mínimo que sea, esa tristeza (…) Chapecoense se transformó en nuestro símbolo de que vale la pena luchar por nuestros sueños”.

Sin embargo, más allá de la repercusión entre deportistas reconocidos, la pesadumbre más sentida se vio también entre la gente en las calles, en los medios, y principalmente por aquellas personas que juegan fútbol amateur.

Un mensaje de Whatsapp que comenzó a circular después del accidente llamaba a realizar un minuto de silencio en homenaje a los muertos del Chapecoense, en cualquier partido de fútbol que se jugase entre amigos. Otra imagen que se hizo viral propone un próximo amistoso de la selección de Brasil con la camiseta del equipo de Chapecó. En Facebook, el escudo del club con una cinta de luto se convirtió en la nueva foto de perfil de muchísimos usuarios.

Incluso, ante la furia de los internautas, la cadena de ventas Netshoes debió salir a aclarar que la suba repentina en los precios de las camisetas del “Chape” se debía al fin del “Black Friday” y no a una especulación tras la tragedia.

No fue, de todas formas, el ámbito deportivo el único que se movilizó tras el accidente. Michel Temer, presidente del país, envió sus condolencias, al igual que lo hizo el jefe del Senado Renan Calheiros. El mandatario, además, decretó tres días de duelo en Brasil. Los intendentes de numerosas ciudades repitieron la acción y en Chapecó, incluso, la medida se extenderá por 30 jornadas.

Dilma Rouseff, expresidente del país, pidió “reverenciar la memoria” de los deportistas fallecidos. Y Luiz Inácio Lula da Silva, su predecesor en el máximo cargo del Ejecutivo, pidió que todas las demás hinchadas “abracen al equipo de Santa Catarina y se unan en este momento de extremo dolor”.

En el día en que varios diputados del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) anunciaron que ingresarán a la Cámara un pedido de destitución contra el conservador y centroderechista Temer, toda la clase política se unió así, sin embargo, en sus lamentaciones por la inesperada tragedia.

Los homenajes arreciarán en los próximos días, en Brasil y en todo el mundo. Se habla incluso de realizar un velorio colectivo en el Arena Condá, o de llenar la cancha de Coritiba el 7 de diciembre, que es el día en que Chapecoense iba a recibir a Atlético Nacional.

Más allá de planes, ideas, homenajes, lamentos, abrazos y ayudas, la única verdad es que Brasil hoy está -y seguirá- de luto. De norte a sur y de este a oeste, las lágrimas de millones de personas que lloraban al “Chape” inundaron el país.

El Cristo Redentor, iluminado de verde en la noche de Río, fue, al cabo, una muestra más de uno de los homenajes más tristes e inesperados que se brindaron en la historia del continente.