Capriles y Borges: en camas separadas…

  • ORLANDO VIERA-BLANCO

13 de diciembre de 2016 05:00 AM

EL UNIVERSAL

El diálogo que tolera “en camas separadas”, dejar tras las rejas a presos políticos, decretar la hiperinflación o comer desechos en Navidad con juguetes expropiados, tienes nuestros “Chamberlain” de testigos (y de padrinos). Capriles y Borges en medio de mucha confusión y contrariedad, siguen haciendo comparsa a lo que queda de la MUD y sus otros tres mosqueteros: Falcón, Chúo y Timoteo. ¿Qué se avecina después de la cuarentena “sacrosanta”? El diálogo no ha sido tan perverso como lo que se entreteje tras bastidores. No estoy de acuerdo con críticas infames como aquellas que tildan de traidora o estafadora a María Corina (Kiko dixit), pero tampoco comulgo con aquellos que reducen todo el rendimiento y logro político de la oposición, al diálogo. Hay que separar la tertulia de los contertulios. ¿Era necesario sentarse? Sí. ¿Lo era en el momento que lo hicieron? No… Ha debido ser después de la censura política del PDR, manteniendo viva la calle. ¿Fue un error dialogar? Prolongarlo fue el gazapo. ¿La historia termina con el diálogo? Al contrario. Es el preludio del fin de una era… Los venezolanos tenemos que deponer actitudes fatídicas y saber distanciar qué actor político nos conviene, por serio y coherente, del cual no.

Al amigo Capriles le hemos visto denunciando a presuntos opositores que según su decir andan “haciendo negocios con el Gobierno”. Lanza la cizaña y calla. Venir después con nombres, no redime la ignominia. Una manera de hacer política nociva y rapaz. Tirar la piedra y esconder la mano no es cristiano, menos Mariano… Y la forma de hacerlo es irresponsable por vaga e imprecisa.  Borges por su parte, se sabe que aprueba la desincorporación de los diputados de Amazonas y estaría junto a Capriles y PJ, avalando que los rectores del CNE sean designados por el TSJ, favoreciendo el control del gobierno del organismo comicial. Estos entretelones causan mucho más daño que lo que exhibe el diálogo. Es la agenda a la reversa, que ha saboteado el trabajo parlamentario de Ramos Allup, que anula el avance de la propia MUD, nos apacigua y ha neutralizado a actores políticos como María Corina Machado.

Estuvimos reunidos en la OEA con el embajador Luis Almagro y la campaña Yo Denuncio. Lo noté muy preocupado por Venezuela. Sigue firme pero pide aliento y coherencia. “¿Cómo es posible que Zapatero desplace todo un liderazgo de cancilleres y expresidentes en LATAM? ¿La activación de la CDI la tenemos en marcha? Comprendemos que el Vaticano entre a mediar, pero la política debe continuar” Concitamos -Almagro y este columnista- con recordar el síndrome de Arthur Neville Chamberlain, primer ministro de Inglaterra (1937-1939), nombre que históricamente quedará ligado a la política exterior del «appeasement» (apaciguamiento), por contemporizar con las políticas expansionistas de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Chamberlain (dialogando), pretendía salvaguardar la paz mundial a largo plazo, considerando que pequeñas cesiones en favor de los dictadores fascistas les disuadirían de enfrentarse bélicamente con las democracias. El gabinete de Chamberlain evitó críticas a la Italia fascista, por su invasión de Abisinia y se mostró dispuesto a reconocer la legalidad de esta anexión. En 1938 rehusó tomar medidas contra el Tercer Reich después que éste se anexara Austria, pese a que este acto constituía una clara violación al Tratado de Versalles. Mantuvo la  neutralidad del Reino Unido en la Guerra Civil española y desalentó cualquier intervención de Francia contra el bando franquista… La culminación de esta política fue cuando la Alemania nazi pretendió anexionarse la región Checa de los Sudetes. Para resolver la crisis se ejecutó la Conferencia de Múnich de 1938. Hitler indicó que mantendría su presión sobre Checoslovaquia, y Chamberlain prefirió plegarse a la demanda alemana, arrastrando al presidente francés Deladier. Chamberlain justificó su posición, señalando que “sería terrible para nosotros prepararnos para una guerra motivada por un pueblo lejano y por gentes de las que nada sabemos”. El 1/10/38 retornando a Londres, Chamberlain fue celebrado por la prensa como “el hombre que traía la paz bajo el brazo”, declarando llevar “la paz para nuestro tiempo” (peace for our time). Este evento le ganó la severa crítica de su amigo Winston Churchill, quien condenaba la cesión británica a las presiones nazis, y peor aún, perder un aliado valioso en Europa Central, como Checoslovaquia. Churchill señaló: “A nuestra patria se le ofreció entre la humillación y la guerra. Ya aceptamos la humillación y ahora tendremos la guerra”. Meses después Churchill seria Primer Ministro de Inglaterra, declararía la guerra a Alemania, lideró el desembarco de Normandia y con los aliados, derrotó a Hitler & Corp.

De tal forma que el problema no es el  diálogo sino nuestros Chamberlain. Por estos lados les llamamos como al trapecista cubano Chacón-Vélez, que cayó en desgracia, los Chacumbeles. El  diálogo en cuarentena. QEPD. Ni seremos ni humillados, ni iremos a la guerra. Lo social le pasará por encima al apaciguamiento…Y los que duermen “en camas separadas”, pues nada, no harán familia…

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