El gobierno se salió con la suya

Sucedió lo que una buena parte, si no la mayoría, de los opositores sospechábamos que iba a pasar: que el gobierno engatusaría con todas sus mañas a la dirigencia de la Mesa de la Unidad para lograr que terminara el año 2016 en las condiciones que se venían perfilando desde prácticamente el comienzo del mismo, es decir, sin referéndum revocatorio, sin elecciones regionales, sin los diputados de Amazonas, con la Asamblea Nacional bloqueada, con el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia en manos de miembros del partido oficialista actuando en contra de la Constitución Nacional y de la democracia, con las cárceles atiborradas de presos políticos, sin canales humanitarios para socorrer a la población depauperada por la acción castro-comunista continuada y un largo etcétera de otras calamidades que el régimen chavista nos ha dejado como amargo regalo de Navidad.

La dirigencia de la oposición ha sido ingenua y confiada. Se ha enfrentado a la inteligencia estratégica política y militar cubana que asesora al gobierno chavista desde hace dieciocho años. Una inteligencia que ya era hereditaria de la KGB soviética que asesoró al régimen castro-comunista durante casi todo el tiempo de la Guerra Fría. Estamos hablando de una escuela de pensamiento estratégico político y militar que tiene más de cien años de antigüedad y experiencia.

La dirigencia opositora tiene que ser completamente renovada para el próximo año 2017. Debe ser una dirigencia que tenga las siguientes características:

Primero: que sea la expresión de todos los sectores nacionales y no solo de unos pocos partidos políticos. En ella deben estar representados los empresarios, los sindicatos, las universidades, las principales organizaciones no gubernamentales que se ocupan de los problemas sociales y, sobre todo, los sectores populares que están sufriendo más duramente las consecuencias de la crisis económica generada por el gobierno chavista.

Segundo: una dirigencia que no siga envistiendo el capote oficialista de la supuesta violencia que habrá de generarse si no se dialoga. Ya basta de esa añagaza. Los mismos chavistas han ejercido la violencia a diestra y siniestra durante dieciocho años y han expresado más de una vez que sin violencia no hay cambio social. ¿Vamos a seguir con ese ingenuo temor a la violencia si estamos rodeados de violencia por todos lados? ¿No es violencia los miles de muertos que deja el hampa desatada que impunemente se pasea por nuestras calles? ¿No es violencia la que ejerce la Fuerza Armada Nacional contra los venezolanos cada vez que puede, además de sostener incondicionalmente a un gobierno que viola la Constitución y las leyes permanentemente? ¿No es violencia la que realizan los colectivos y grupos armados del gobierno que agreden a los diputados y a los líderes políticos de la oposición cada vez que estos ejercen su derecho a la protesta por los desafueros del gobierno? ¿No es violencia contra la vida y la salud de todos nosotros la escasez o ausencia total de alimentos de primera necesidad y de medicamentos de todo tipo sin que el gobierno encare definitivamente el problema?

Seguir dándoles largas a los problemas y aceptar los continuos abusos del régimen por temor a la violencia es cobardía pura y simple. Es, además, no estar a la altura de las circunstancias. Todo aquel dirigente político de la oposición que sienta miedo y rehúya la violencia justa e inevitable de los momentos históricos críticos como el que estamos viviendo actualmente debería tener al menos el valor y la honestidad personal de reconocer su debilidad y ceder su puesto a nuevos actores con más disposición a la lucha.

Fuente: El Nacional