El lío del Mercosur

Tamaño lío se compraron el 29 de junio de 2012 en Mendoza los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay cuando suspendieron a Paraguay del Mercosur para simultáneamente resolver el ingreso de Venezuela. Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y José Mujica, hoy tres “ex”, en uno de los mayores atropellos jurídicos y políticos que se recuerdan, dejaron una “bolsa de gatos” (y en celo) sobre la mesa como conclusión de la 43º Cumbre del Mercosur. Una “herencia” solo comparable con la que los nombrados dejaron al irse en sus respectivos países.

Las razones de ese mal paso fueron expuestas y explicadas por Mujica a quien hay reconocerle –guste o no– su sinceridad, que incluso se realza frente al cinismo, la hipocresía y desfachatez de otros varios actuantes.

El ex mandatario uruguayo lo dijo clarito: “A veces es más importante una buena sintonía entre un grupo de presidentes que los mecanismos jurídicos que se hayan construido durante muchos años. Y eso fue lo que pasó en el Mercosur (…) la buena relación entre los presidentes del bloque tuvo mucho que ver (…) fue una incoporación política (la de Venezuela), que dejó de lado todas las trancas jurídicas que se habían interpuesto previamente”.

Dilma lo convenció –Mujica dixit– de que en Paraguay hubo un golpe de Estado con pruebas e “informes de los servicios de inteligencia brasileños, venezolanos y cubanos”. (Toda una garantía).

También Dilma le dijo que “Brasil necesita que Paraguay quede afuera del Mercosur para de esa forma apurar las elecciones en ese país”. (¡Mirá Dilma, la antiimperialista de ahora! Lo que va de ayer a hoy).(*)

Chávez primero y luego Maduro, ¿qué podía esperarse?

Finalmente, cuatro años después a Venezuela no le fue permitido asumir la presidencia –pro témpore– del organismos y tras un plazo de unos meses los miembros fundadores –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay– resolvieron cesar a Venezuela en el ejercicio de “sus derechos inherentes” como Estado por no haber cumplido con las obligaciones asumidas en el Protocolo de Adhesión. Digan lo que digan Maduro o la canciller Delcy Rodríguez –decididamente inventan– Venezuela no ha cumplido con unas 112 resoluciones y ha admitido su imposibilidad de incorporar normas específicas del Mercosur a su ordenamiento jurídico nacional. Y esto sin contar el Protocolo de Ushuaia, que establece la “cláusula democrática”, a la que la Venezuela bolivariana es ajena, hecho que solo lo niegan los chavistas (lógicamente).

En el Mercosur el único defensor de Venezuela, y en el que el bien hablado Maduro confía, es el presidente frenteamplista uruguayo Tabaré Vázquez, quien se va a reunir con el venezolano, y dice que la medida no es irreversible y que hay que analizar aspectos jurídicos, los que el expresidente frenteamplista uruguayo Mujica dijo que se dejaron de lado cuado se suspendió a Paraguay y se metió a Venezuela, por decisión de unos cuantos amigos sintonizados.

Maduro ha dicho que el Mercosur debe buscar “la unión en la diversidad y no el sectarismo y la persecución ideológica”. Lo dice Maduro: la desfachatez no tiene límites.

Hasta Dilma, siempre más ubicada, parece que, como su amiga y colega Cristina, ha perdido la chaveta. Ha dicho en las últimas horas que suspender a Venezuela del Mercosur es un acto peligroso e irresponsable que compromete la convivencia entre las naciones suramericanas” (¿y suspender a Paraguay para que entrara Venezuela por la ventana?). Añadió que los “intereses imperiales” han actuado contra “la hermana nación democrática”, refiriéndose a Venezuela, aunque no lo crea.

Lo dicho: lo que va de ayer a hoy.

 

(*)Una oveja negra al poder. Confesiones e intimidades de Pepe Mujica; de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz.

 Fuente: El Nacional