Fue justa la lucha armada

  • JUAN CARLOS PARISCA PÉREZ

07 de noviembre de 2016 05:02 AM

EL UNIVERSAL

Recientemente, en uno de los debates de la Fundación de Combatientes de los años 60, 70 y 80, en la quinta Castillete, avenida Páez, El Paraíso, fue formulada la propuesta de abrir un debate sobre la justeza de la línea de la lucha armada, emprendida por las fuerzas revolucionarias venezolanas en los años 60, 70 y 80.

La discusión plantea la pregunta sobre si fue o no un error histórico. Pregunta, claramente impertinente, después del tiempo transcurrido, y muy especialmente porque no existen errores históricos. La historia no lo permite. Los hechos históricos se dan o no se dan. No tiene la historia la capacidad de calificarlos. La lucha armada tenía que ser justa o no serlo. De no haberlo sido no habría servido para tomar el poder, para impulsar el cambio social.

El proceso armado comienza en Venezuela en forma espontánea. Pero desde el principio el mismo se produce navegando entre dos tendencias políticas e ideológicas divergentes.

Por un lado la revolución cubana había triunfado y la juventud venezolana se siente fuertemente atraída por el ejemplo. El 11 de marzo de 1961, en Caracas, se inician las discusiones del III Congreso del Partido Comunista de Venezuela, en cuyas conclusiones se establecen las líneas fundamentales para la lucha insurreccional. Por primera vez los comunistas venezolanos plantean directamente la toma del poder. En el propio Congreso intervino Argimiro Gabaldón, planteando con gran vehemencia en un famoso discurso, la participación en la lucha armada por parte del Partido Comunista.
Los esfuerzos
Tan pronto, sin embargo, se comienzan a aplicar las resoluciones del III Congreso, aparecen en público o en secreto los esfuerzos en contra de la línea aprobada. Pero tal práctica tarda en llevarse a la realidad. Es en 1965 cuando, después del VII Pleno del Comité Central, que se aprueba definitivamente la pacificación, es decir la “paz democrática”, o como se la conoció eufemísticamente “el repliegue”, la cual terminó siendo un cambio político mayor en la línea de las fuer-zas revolucionarias. Con su claro origen eurocentrista la dirección política del Partido era la oficina donde funcionaba la sección local del “Comintern”, de la cual recibían línea Gustavo Machado, Eduardo Machado, Jesús Faría, Pedro Ortega Díaz, Alonso Ojeda Olaechea, hasta que logran imponer el cambio de la línea de la lucha armada.

Del otro lado, el gobierno revolucionario de Cuba mantuvo, desde el triunfo de la revolución, primero bajo la dirección de Fidel y el Che, y luego con la participación directa de este último, un trabajo político intenso y comprometido para apoyar las luchas de los revolucionarios latinoamericanos por la conquista del poder en sus respectivos países. Para el momento en que se produce el asesinato del Che Guevara, el 8 de octubre de 1967, está en acción la lucha de toda una generación de dirigentes a la cabeza de las fuerzas armadas revolucionarias, entre los cuales se encontraban en Venezuela Douglas Bravo, Alfredo Maneiro y Alí Rodríguez Araque. Además de Argimiro Gabaldón, Fabricio Ojeda, Francisco Prada Barazarte “El Flaco”, Argelia Laya, Juan Vicente Cabeza, Genaro Guaitero, Moisés Moleiro, Trino Barrios. Así como dirigentes revolucionarios de otros países latinoamericanos, entre los cuales mencionaremos a los colombianos Manuel Marulanda Vélez (a) “Tirofijo”, Camilo Torres, Jaime Arenas. El peruano Hugo Blanco. El boliviano Inti Peredo. Los uruguayos Raúl Sendic y José Mujica. Los nicaragüenses Daniel Ortega, Ernesto Cardenal y Tomás Borge. El salvadoreño Roque Dalton.
Chávez y las FALN
Todavía se sabe poco del contacto del comandante Chávez con las FALN. En los años que van desde 1978 hasta el 4 de febrero de 1992, Chávez se mantuvo en contacto con quienes venían luchando por el cambio revolucionario, especialmente con quienes se mantenían desde los años 60 en la lucha armada a través de las FALN, entre quienes se encontraban los mencionados Douglas Bravo, Alfredo Maneiro y Alí Rodríguez Araque. Después del cambio de la línea habían quedado haciendo la guerra quienes no se replegaron. Quienes no aceptaron abandonar la lucha.

El contacto del comandante Chávez con la realidad de las luchas de las FALN aclara muchas cosas: en primer lugar, como bien lo demostró personalmente, que no tenía ninguna duda sobre la pertinencia de la lucha armada. En segundo lugar que sabía que la lucha sería difícil y dura, como lo había dicho Argimiro.

La presencia de Chávez decantó esta dicotomía antihistórica, borrando la visión pesimista que, con toda intención, había logrado imponer la falsa tesis de la derrota. La victoria de la revolución bolivariana reivindica la lucha de los revolucionarios de los años 60, 70 y 80 y deja en alto su carácter justo.
juan.parisca@sigoweb.com