Inocente el mayor Lars Koch

EL UNIVERSAL

E. A. Moreno Uribe

29 de septiembre de 2016 01:45 AM

Un avión civil con 164 personas es derribado por una nave militar para impedir que sus secuestradores lo estrellen contra un estadio de futbol con 70 mil espectadores. Las autoridades alemanas  le abren un juicio al piloto Lars Koch y es llevado a juicio para que sea sentenciado: inocente o culpable, por un jurado popular.

A partir de ese patético suceso de ficción, que tiene orígenes en reales situaciones similares o parecidas, el  abogado y dramaturgo  Ferdinand von Schirach, (Múnich, 1964),  escribió y vio estrenar su pieza teatral Terror (2015), que actualmente se muestra en varias salas de Alemania, Austria, Slovenia, Hungría, Suiza e Israel.  Y la  cual, desde el pasado 8 de julio se ha exhibido en el Trasnocho Cultural de Caracas bajo la dirección de Héctor Manrique, quien además actúa al lado de María Cristina Lozada (sustituida después por Julie Restifo), Sócrates Serrano, Martha Estrada, Daniel Rodríguez, Juan Vicente Pérez, María José Castro y Eduardo Pinto, en una excelente producción general de Carolina Rincón para el Grupo Actoral 80.

Pero este Terror, auspiciado por el Instituto Goethe, no tiene nada que ver, ni en su temática ni en su formato escénico, con otros espectáculos que se exhiben en Caracas. El montaje, que se presenta viernes y sábados a las 7PM y domingos a las 6 pm, y cuya duración es de unos 105 minutos, tiene un desenlace o final con participación del público, a quien se le pide que deposite, en unas improvisadas urnas,  unas tarjeta con las palabras INOCENTE o CULPABLE para liberar al piloto acusado o mandarlo a la cárcel por unos cuantos años. Se transforma así al “crítico de las mil cabezas”, como se le decía en tiempo de Shakespeare a los espectadores, en un colectivo con poder para perdonar o enjuiciar a los personajes teatrales, cuando el dramaturgo lo decidía.

Esto casi nunca se hace en Venezuela, y damos fe de ello a lo largo de los últimos 47 años, salvo un montaje exhibido en El Nuevo Grupo, durante los años 80, para cerrar la versión escénica que hizo Ugo Ulive  de la pieza La excepción y la regla, de Bertold Brecht.

OTRO TERROR

Pero este montaje venezolano, en contexto alemán, que debe culminar  el domingo 2 de octubre, es novedoso en su argumento  y en su desenlace. El autor  plantea que el responsable de la muerte de esos 164 pasajeros es un militar destacado y preparado para proteger a los civiles, el mayor Lars Koch, formado para establecer controles y velar por la seguridad. A pesar de que ese personaje rompe los límites desde el punto de vista ético, acabando con la vida de 164 personas, lo hace para salvar a 70.000 espectadores que se encontraban en el estadio. Efectivamente desobedece una orden, rompe la línea de mando y quizá por eso debe ser castigado, pero no con todo el peso de la ley, ya que lo hace para salvar a cientos de miles de ciudadanos. Este personaje escoge “el mal menor”.

Sobre lo que debemos reflexionar, como espectadores venezolanos, es sobre lo acorralados que estamos como sociedad ante el terrorismo y su magnífica estrategia para llevarnos al campo de la violencia. Creemos que es el mayor mensaje de esta pieza teatral.

Según el sicólogo y además  primer actor Sócrates Serrano (encarna al abogado defensor del mayor Lars Koch), el que sea “culpable o inocente, el piloto de marras, son caminos para resolver el final de la historia, pero lo que hay detrás del texto de Schirac es lo virginales que podemos ser o dejar de ser ante el terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones. Dicho de otra manera, nos educan para hacer el bien pero nos arrojan a una sociedad donde no siempre el bien es el que triunfa. Lidiar con eso y con nuestra propia conciencia parece ser nuestro reto en esta era para irnos a dormir tranquilos cada noche”, porque el terrorismo es mundial, hoy esta al lado de nuestra urbanización  y mañana puede tocar a las puertas de nuestros hogares. Del terrorismo, pues, no estamos salvados jamás, hoy es un musulmán extremista y mañana puede un malandro del mismo barrio donde viven nuestras compañeros de trabajo.

Es una pieza que ha tenido notable éxito de crítica y de público en Europa, porque plantea, entre otras cosas, una serie de interrogantes sobre los roles del Estado y la sociedad civil. ¿Qué ocurre cuando un avión es secuestrado y amenazan lanzarlo sobre un estadio de fútbol? ¿Estamos preparados en Venezuela para una situación similar?¿Qué sucede si el terror domina nuestra vida cotidiana? ¿Qué significados tienen lo legal, lo moral y lo filosófico en nuestra sociedad al ocurrir una situación tan excepcional? ¿Se puede violar la dignidad humana si supuestamente hay más personas que se pueden salvar? ¿Los espectadores tienen en un especial respeto o consideración por la conducta de los militares ahí representados? Son preguntas que alguien debe responder, especialmente los psicólogos sociales.

Este dilema ético de condenar o absolver al mayor Koch, de aprobar “el mal menor”, o sea matar a 164 para salvar 70 mil personas es el planteamiento de Terror que se la propuesto a 10.927  espectadores, durante 35 funciones. Ellos dieron su veredicto asi: 6.782  aprobaron  que el mayor Lars Kock es inocente, mientras que  4.145 votaron por su condena.

Vimos varias veces el espectáculo  y esperamos aplaudir su  ultima función el domingo 2 de octubre. Así, sin muchas alaracas, avanza la historia cultural de nuestro país, formando conciencia entre sus espectadores.

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