La angustiosa búsqueda de desaparecidos en la PGV

De momento son 15 muertos, pero es muy posible que haya más. Y la bandada de zamuros que sobrevuela un rincón de la Penitenciaría General de Venezuela (PGV) parece saberlo.

A pocos metros del muro que limita la cárcel, ahora cerrada, se ve a las aves carroñeras sobre la zona de la caballeriza donde se descubrió una fosa común.

“Se ubicaron un total de 12 cuerpos con sus respectivos cráneos y las partes de otras tres personas, cuyos cráneos no han sido localizados, lo que suman las 15 víctimas encontradas a la fecha”, expresó en un comunicado el sábado 18 de marzo el Ministerio Público (Fiscalía) de Venezuela.

“Se presume la existencia de más cadáveres en el sitio, razón por la cual se emprenden acciones de rastreo, detección y ubicación”, agregó.

En las últimas semanas antes de la intervención del Estado, los líderes de los presos denunciaron la falta de suministro de comida

Cinco meses después del cierre temporal de la prisión, el hallazgo de esa fosa y la información del Ministerio Público suponen el mayor reconocimiento de la situación que se vivía en la PGV y que también se denuncia en otros penales del país.

“Desde 2009 llevamos denunciando la existencia de fosas en la PGV”, dice a BBC Mundo Humberto Prado, director del Observatorio Venezolano de Prisiones, una organización que defiende los derechos de los privados de libertad.

Prado lleva años peleando por conocer el paradero de Francisco Guerrero, desaparecido en la PGV desde septiembre de 2009 y cuyo caso ha sido estudiado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y en Naciones Unidas.

Quizás sea el caso más conocido, pero no el único.

“No busque más a su hijo”

Keider González iba a cumplir 24 años en mayo del año pasado. El 1 de abril llamó a su casa desde la cárcel para felicitar a su hermano por su cumpleaños. Fue la última comunicación con su familia.

Dos días después, su madre acudió a la prisión, ubicada en San Juan de los Morros, a 150 kilómetros de Caracas. Pero ya no lo vio.

El 28 de octubre del año pasado, las fuerzas del Estado trasladaron a los presos a otros penales.

“Lo buscamos por todo el penal y no supe nada”, me cuenta un familiar que prefiere no revelar su nombre por temor.

“Se me acercaban (los presos) y decían ‘búsquelo’, pero me lo decían calladito. No hallaban cómo decirme lo que había pasado”.

El 11 de abril, una llamada desde dentro de la PGV a la madre de González confirmó las sospechas: “No busque más a su hijo. A su hijo lo mataron”.

Tras el anuncio “oficial” y anónimo, la familia decidió hacer la denuncia ante el Ministerio de Justicia e Interior y ante los tribunales.

De momento, en vano. Como la propia búsqueda del cadáver.