La ruta es la unidad

Tenemos un país que se cae a pedazos, un régimen antidemocrático incompetente que nos hunde cada día más, corrupto y represivo, más de un 80% de venezolanos que clamamos por un cambio, y sin embargo nos damos el lujo de tener a una oposición dividida. Y no me estoy refiriendo a la oposición agrupada en la MUD, sino a todas las oposiciones.

Hacer oposición requiere discernimiento, coraje, tener las ideas muy claras, medir las fuerzas propias y las de los adversarios, ser conscientes de la propia fortaleza y de sus debilidades, requiere diálogos, acercamientos, establecer alianzas, armonizar ideas, proponer, errar y volver a proponer, magnificar lo positivo y minimizar todo aquello que perturbe su crecimiento, tocar todas las puertas, las del enemigo incluidas, para tratar de encontrar soluciones y nuevos aliados, organizar foros y actos de masa, producir noticias y divulgarlas, optimizar la comunicación, creatividad, atrevimiento y prudencia, tener sentido de la oportunidad, ser aliados de la verdad, contrarrestar las embestidas del régimen, enfrentar críticas, superar caídas en la opinión, vencer la tentación de decir solo aquello que quiere oír la gente. Requiere equipos de trabajo, división de tareas, responsabilidad bien definida en cada área, requiere convicción de triunfo y poseer una autocrítica oportuna que les permita escuchar al otro y, si fuese el caso, ser capaz de llegar incluso a la renuncia en sus funciones a la hora de fracasar.

No les falta razón a quienes argumentan que si este régimen sigue todavía en funciones, es gracias a una oposición que no logra ponerse de acuerdo, única forma de trazar una ruta con destino capaz de trasmitir seguridad a la gente, quitarle razones de ataque a un régimen que no pierde oportunidad para golpearla por todos los flancos, minimizar el veneno de la guerra sucia y no dar pie a la crítica feroz de los opositores más viscerales, dominada la mayoría de las veces por la indignación y la impotencia desesperada que causan las tropelías del régimen y los desaciertos de la misma oposición sobre todo cuando la más organizada que es la MUD a la que hay que reconocerle logros en ocasiones admirables, llegado el momento, quién sabe por qué, cambian el paso y desaceleran la acción.

Si las razones que existen para que las distintas oposiciones anden cada una por su lado acusándose con un lenguaje que lejos de unir ahuyenta, radican en rivalidades y apetencias fuera de tiempo, lugar y circunstancia por el control del poder futuro, es oportuno decirles, tanto a quienes se consideran presidenciables como a sus promotores, que morirán en el intento, porque antes de llegar a ese “momentum” es necesario ponerse de acuerdo en una estrategia de lucha creíble y sólida, capaz de reactivar el clamor por el cambio que tenemos todos los venezolanos.

No se trata solo de cambiar a Maduro, se trata de salir del modelo castro-comunista impuesto y vigilado desde Cuba, y para ello es indispensable construir una estrategia que consolide la unidad de pensamiento y acción indispensable para, derrotando por la vía constitucional al régimen, lograr un gobierno de unidad nacional capaz de contener las reacciones violentas de las estructuras paramilitares creadas por este régimen a lo largo de estos diecisiete años en nombre de una llamada revolución que nunca existió. Es con la voluntad unitaria de toda la fuerza opositora como se puede detener el mal estado de la economía, de los servicios públicos, la destrucción de la moneda, el insoportable costo de la vida, las desigualdades en la justicia como esas en las que un muchacho por robar una auyama por la fuerza del hambre, va preso y los hijos “privilegiados de poder” condenados por narcotráfico se les defiende diciendo que son unos pobres muchachos, y otras taras producidas por el autoritarismo, la incompetencia y la corrupción.

Solo con la voluntad decidida de la oposición toda unida en ese objetivo es como se puede lograr que los radicales del régimen decidan abandonar el poder, pero pueden jurar que sin una oposición unida toda en una estrategia y en una acción de lucha que motive a ese pueblo, más que descontento, furioso, eso no será posible. Sí, leyó usted bien porque aquí hay una lucha entre una dictadura que tiene secuestrado a todo un país y una democracia que quiere liberarlo.

Es iluso pensar que este régimen, sin el aporte de una lucha constitucional y democrática, irreverente y firme, pueda caer por su propio peso. Que saliendo ya de Maduro, de Cabello y la camarilla que controla y descontrola las instituciones, para quienes permanecer en el poder es su única posibilidad de mantenerse fuera del alcance de la justicia, la situación del país cambiará como por arte de magia, cuando es precisamente allí cuando comienza la gran batalla de la democracia.

Bájense de las nubes aquellos que piensan que un gobierno que no sea de unidad a toda prueba, sea quien sea el que llegue a la Presidencia, puede, en el corto plazo, arreglar un país tan descompuesto moral, política, social y económicamente como el nuestro. Podrá llamarse López, Ledezma, Ramos, Capriles, Machado, Falcón, Arria, Fernández, Martín, Aveledo, Álvarez o Fernández, solo para nombrar algunos con las credenciales necesarias para conducir una transición hacia la democracia, pero ninguno de ellos podrá cargarlo solo, sin el peligro de ser derrocado al poco tiempo.

Es bueno que se vayan convenciendo de que sin un gobierno de auténtica unidad nacional respaldando a un presidente de transición, no es posible superar la subversión y el sabotaje que desatarían las estructuras paramilitares ya consolidadas que operan en el país. De tal manera que las oposiciones que luchan por el cambio con estrategias y visiones distintas, desde la más rabiosa y radical, esa que todos los días con razón o sin ella condena a la MUD, pasando por la firme pero moderada y libre de sospecha, y la que no termina de entender que se trata de una lucha de demócratas contra autócratas, que se escuda en la falsa fábula del derramamiento de sangre, que suele desmovilizar la expresión dura, contundente y democrática en la calle y en todos los frentes en los que la lucha se haga necesaria, lo mejor que pueden hacer es olvidar sus propias apetencias y unirse todas para lograr un cambio que nos permita asimilar las lecciones que este extravío nacional nos produjo, y a luz de ese aprendizaje construir con una memoria nueva un país que amamos inmensamente. La esperanza, la voluntad, la fe y el amor a Venezuela están vivas, entonces solo nos queda luchar y vencer. Como los mosqueteros de Dumas: Uno para todos y todos para uno.

Fuente: El Nacional